miércoles, 13 de enero de 2016

Un día de campo

Ni es igual, ni se le parece
Despertar al rebuznar un burro y escuchar los pajaritos, en su hábitat natural,
mirar como se asoma por entre los árboles el sol mientras poco a poco se meten sus rayos por tu ventana, te llena de luz la cara, y tu, sobre una hamaca.
Ni es igual, ni se le parece
eso de escuchar el bullicio y los pitos de los carros
a tener todo el dia la voz del viento susurrando en tus oídos, acariciando rostros,
dando paz en el alma.

Quizás cada una de las personas necesite de unos días así,
asoleados entre la tierra donde brotan los alimentos que comemos a diario,
caminar entre ramas, pincharnos los dedos con cactus, montar en burro, imaginar, cantar debajo de un árbol.
Montarse en una loma para buscar "señal", para mandar mensajes a quienes esperan por nosotros
porque estamos "aislados".
Y es bueno a veces despejarse.
Comer de fuego prendido en leña, cruzar puentes de troncos de arboles tirados,
escuchar las cometas de los niños volar en el cielo azul.

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