miércoles, 22 de noviembre de 2017

Él no planeó esperarme

Él no planeó esperarme como dice.
Él de repente se halló rodeado de falsedad,
de desaciertos, de soledad.

Él ha vuelto, según dice, para amarme
y yo ya no lo siento.
El no planeó una vida junto a mi.

De  repente se le fueron los años escurriendo
y siempre creyó que yo estaría allí
esperando ese momento
en el que lo encontrara frente a mi.

Entre poesía y música, hace el intento.
Me busca, cree que me mata, cree que me endulza
Cree tanto que de verdad lástima siento.

Él no planeó esperarme como dice
Fui su último recurso, y me temo...
...que ya es un poco tarde
para desempolvar algunos recuerdos.

viernes, 29 de septiembre de 2017

De los amigos

En mi adolescencia logré hacer una gran vida social gracias al grupo de la iglesia a la que asistía. De allí pocos casi ninguno llegó a ser incondicional hasta este punto de mi vida en la que ya soy joven adulta. De la universidad también reconozco que hice una vida social mucho más grande que la de ese grupo anterior: el teatro, la música, el coro y obviamente en mi carrera fueron apareciendo personas con la que contaba. Luego después de egresar, fueron desapareciendo de mis conversaciones, y así de mi vida. 
Afortunadamente de todas esas cientos de personas conocidas quedó una que se que está ahí para mi en cualquier momento, y entonces uno se da cuenta que no importa si uno no tiene los millones de amigos. Basta uno verdadero para mirar al cielo y dar las gracias.

Ella ya no está aquí en la ciudad. A pesar de la distancia y del largo tiempo que no nos hemos podido ver, aun me escribe y siempre estoy ahí para ella. Es tal vez la primera persona en la que pienso cuando tengo un problema, y aunque se que no me dará la solución, sé que puedo desahogarme y sentir que esos kilometros que nos separan, no son obstáculo para hacerme sonreír.

Yo casi cometo el error de pensar que volver a hablar a mis viejos amigos haría que ellos volvieran a estar en mi círculo social, pero por fin entiendo que el tiempo pone las cosas en su lugar, y aunque esos viejos amigos ya no sean amigos (no por peleas sino por que el tiempo lo decide así) estarán allí en mi historia como personas que aportaron a lo que soy hoy en día.

martes, 18 de julio de 2017

Aún sigo preguntándome qué hubo entre los dos.
Quizás una reciprocidad entre lo fugaz y lo eterno. Todo y absolutamente todos los vientos me llevaban hasta su boca para dejarme navegar según su beso me tambaleara.
En sus ojos se vislumbraba cierta incertidumbre de lo que iba a ser, y al tiempo, una certeza recóndita de aquello a lo que no nos negábamos. Éramos un sueño real, una realidad etérea cuyo tiempo era cómplice, el universo alineaba astros en el cielo para juntarnos sin problema alguno, excepto cuando ojos extraños nos miraban. Éramos no más que un par de chiquillos que reían hasta cuando la luna por las nubes se asomaba. Y entonces las hojas de los árboles se mecían hasta tocar sus cabellos, los cabellos que yo peiné con mis dedos.
Fui feliz.
La felicidad era tocar su piel y encontrar tesoros en sus ojos color gris café. Era insomnio. La luz de un corazón que hasta apenas conocía de brillos. Era el sueño tranquilo que descansaba sobre una pequeña y dura almohada. Tanto creo que le dí. Él se fue. Tanto el me dio y huí.
Hasta el ocaso que llega no veo su sombra. No oigo sus latidos, ni siento el perfume, su dulce aroma.
Nada me lleva a él.
Por muchos caminos que siga todo me conduce lejos de él.
Y duele.
El corazón no entiende de rumbos ni pasadizos secretos, ni atajos ni mucho menos de destinos.
El corazón sabe amar, y hasta el sol de hoy cree que algún día lo encontrará.