De pequeños nos enseñan que las apariencias son la realidad, de
este modo vemos a la gente reír y pensamos lo felices que son, llegamos quizás
a envidiar a aquellos que con todo sonríen, creyéndonos los más miserables.
Entonces no nos damos cuenta que las cosas no son lo que aparentan ser, porque
lastimosamente la tristeza viene envuelta en paquetes nocturnos llamados
recuerdos, que hacen que toda esa alegría que de día sentimos, se desvanezca al
abrir dichos paquetes sin querer. Nadie sabe que quien ríe demasiado es porque
carga una tristeza en su pecho, nadie sabe que aquel es quien llora a diario
por las noches. Que cuando acaba el día se quita la máscara, y deja de ser la
persona perfectamente feliz que todos creen que es.
Yo no lo quisiera así, no quisiera el mundo envuelto en apariencias,
sería más fácil y más certero mirar a los ojos que mirar tras
una pantalla para hablar con las personas, sería más fácil, existiría más
amor y menos máscaras recibir abrazos de verdad, sería más fácil ayudarnos si
dejamos vernos el alma. Quizás entre el barro se encuentre oro, quizás entre
los ojos que crees apagados encuentres tu luz, quizás entre el monte ya calcinado o seco encuentres
una hermosa flor.
Ah!... Y tener presente en la vida que
algunos dichos son solo dichos, no hechos: que no siempre lo que das es lo que
vas a recibir, pero tal motivo no es para que dejes de hacer las buenas cosas;
que brindar amor no es cosa de personas vacías, no todos sabemos amar, o quizás
si pero ya algunos no tenemos esperanzas. Que con la barriga llena no se resuelve la
felicidad de una persona, que no se puede recibir aquello que sientas que
pisotea tu dignidad y moral, aquello que no mereces y que NO todo río que suena es porque lleve
piedras… a veces son sólo alucinaciones

