El hombre de lentes rojos me mira infinitamente.
Es una especie de misterio hecho piel, y huesos, y sangre, y pensamientos.
Su mirada fija no me causa miedo. Me atrae.
Como si a través de ellos pudiera ver ese mundo mágico que guarda en su alma.
Y es sólo entonces su mirada. No piel. No huesos.
Sólo mirada y a veces, momentáneamente se sobresalta mi alma.
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